Carlos González.

04/08/2006

Intervención en el acto organizado por la Real Orden de la Dama, conmemorando el 109 aniversario del hallazgo de la Dama de Elche

Contenido de la intervención realizada en el acto organizado por la Real Orden de la Dama,en el Patio de Armas del Palacio de Altamira, para conmemorar el 109 aniversario del descubrimiento de la Dama de Elche.

Carlos Gonzalez en el Palacio de Altamira de ElcheSr. Presidente de la Real Orden de la Dama, Caballeros, Alcalde, Autoridades, Señoras y señores:

Muy buenas noches a todos y todas

Quiero que estas primeras palabras, amigos y amigas, sirvan para expresar mi agradecimiento y mi emoción.

Agradecimiento, a la Real Orden de la Dama y a todos y cada uno de sus miembros por la grata distinción que supone el hecho de que se me haya concedido el honor y la responsabilidad de ser quien se dirija a todos Uds. en esta noche excepcional.

Han de saber que para mi, como ilicitano, constituye un inmenso orgullo tener la oportunidad de compartir con todos Uds, algunas impresiones a propósito de tan emotivo acto.

Y emoción.

Emoción, porque el 4 de agosto es cada año una fecha muy especial; un día muy significativo en el que, desde hace ya muchos años los ilicitanos e ilicitanas nos reunimos, convocados por la Real Orden, para conmemorar una efeméride cargada de sensaciones y de sentimientos: el aniversario del hallazgo de la Dama.

Pero si el 4 de agosto es ya en si mismo un día especial para Elche, por lo que evoca y rememora; a nadie escapa que, éste es el primer 4 de agosto en el que podemos celebrar el fortuito descubrimiento, contando con la presencia de la Dama de Elche entre nosotros.

Lo que trasforma este 109 aniversario en un momento único y de extraordinaria significación para la ciudad.

Comprenderán, por tanto, que tener la oportunidad de formar parte activa de la celebración de tan memorable evento, cause en mi la profunda emoción a la que me he referido con anterioridad.

Amigos y amigas

109 años después de que, aquella mañana de 4 de agosto de 1897, el azar quisiera que el joven ilicitano Manuel Campello Esclapez, protagonizara un hallazgo de incalculable valor para Elche y para la Humanidad entera… y, tras 109 años de sentida añoranza y de ausencia prácticamente ininterrumpida:

La Dama de Elche, el fruto de aquel fortuito descubrimiento, ha regresado a su tierra y está con su gente desde el pasado 18 de mayo.

Así pues, nos encontramos en un momento que bien merece ser calificado como histórico; en el que quisiera compartir con Uds. varias reflexiones personales relacionadas con la que, incuestionablemente, constituye, a la vez, la obra maestra del arte ibérico y uno de nuestros signos de identidad más apreciado.

En primer lugar, permítanme, queridos amigos y amigas, que enmarque este singular acontecimiento en la etapa, a mi juicio, sobresaliente de la que, como ciudad, venimos disfrutando en los últimos años.

Si volviéramos la mirada hacia nuestro pasado reciente, podríamos recordar momentos para todos inolvidables, cargados de emotividad y rebosantes de trascendencia.

Momentos de entusiasmo, que han respondido, cada uno de ellos, a la consecución de importantes retos que, como ciudad nos habíamos fijado.

Me refiero por ejemplo

-a la implantación de la Universidad en nuestra ciudad en 1997 – y a las declaraciones como Patrimonio de la Humanidad, del Palmeral primero en el año 2000 y del Misteri, poco después, en el 2001.
-e incluso, a pesar de su distinta naturaleza y características, al denodado y meritorio esfuerzo que de forma continuada realiza la industria del calzado, realizan empresarios y trabajadores, para adaptarse a las duras exigencias de una economía globalizada y cada día más compleja.

Logros colectivos éstos, indudables, incuestionables, a los que se unió el pasado 18 de mayo la consecución de otro de nuestros ansiados, y a la vez más complejos anhelos, la presencia de la Dama en su ciudad.

Circunstancias todas ellas que han convertido el Elche de comienzos del siglo XXI, en una ciudad singularmente afortunada; en un municipio pujante que se muestra capaz de combinar con éxito, pasado y futuro, tradición y modernidad.

Y creo que compartirán conmigo que, el principal secreto que puede haber tras esa sólida cuenta de resultados, no es otro que el trabajo, el esfuerzo, la perseverancia y la tenacidad con la que, entre todos, hemos luchado por nuestros objetivos colectivos.

En segundo lugar, queridos amigos y amigas, me gustaría referirme a la profunda vinculación de la Dama de Elche con los ilicitanos.

Un vínculo, entre una obra de arte y su ciudad, de un vigor difícilmente igualable

Y que, a mi modo de ver, ha estado enormemente condicionado no sólo por la insuperable belleza del busto y por su sin par valor científico y artístico; sino también, por las circunstancias relacionadas con su azaroso hallazgo, con su prematura e indeseada salida y con la prolongada ausencia

Lo que no supone, ni mucho menos, restar valor alguno:

-a la exuberante originalidad de su atuendo y sus adornos,
-a la serenidad altiva de su pose,
-al equilibrio y la armonía entre su nariz y sus labios,
-ni, por supuesto, al magnetismo hipnotizante de una mirada, entre perdida y nostálgica, pero siempre dominante

...porque todas ellas son características que configuran el rostro sublime, a caballo entre lo humano y lo divino, cuya belleza superior, es por todos y desde siempre admirada.

Pero, como les decía, con ser su extraordinaria belleza parte importante, digámoslo así, en esa nuestra querencia o nuestra devoción hacia la Dama; a mi juicio son más decisivos otros elementos que forman parte de nuestro imaginario colectivo, como por ejemplo

-El episodio casi mítico de su hallazgo, protagonizado por Manuel Campello
-El autentico entusiasmo que suscitó en la población, la noticia del descubrimiento de la entonces todavía llamada Reina Mora
-Los infructuosos intentos del archivero municipal, Pere Ibarra, para que la Dama permaneciera entre nosotros
-El olfato y la astucia negociadora mostrados desde el primer instante por el profesor Pierre Paris, su comprador para el Louvre
-La desazón y la pesadumbre que causó su el hecho de su venta
-El ir y venir, de aquí para allá, en que se convirtió su involuntario y prolongado exilio,
-O incluso, más recientemente, las innumerables muestras de adhesión y apoyo, recibidas desde todos los rincones de España para conseguir que el Gobierno autorizara la cesión temporal, con motivo de la celebración del centenario del descubrimiento en 1997.

Ese cúmulo de circunstancias, las vivencias y las sensaciones, que han ido provocando en los ilicitanos e ilicitanas de cada generación…

...Todo ello, ha ido gestando una reacción colectiva, una suerte de sentimiento hondo de vinculación tal que, finalmente, el pueblo de Elche, (sus gentes, nuestros padres y abuelos, nosotros mismos y nuestros propios hijos), sentimos una intensa identificación colectiva con ella, con la Dama.

Con una Dama que, desde el momento de su hallazgo, ha identificado a nuestra ciudad ante el resto del mundo; y que todavía hoy es una de las imágenes que proyectamos hacia el exterior con más fuerza.

Ella nos identifica ante los demás como pueblo; y nosotros nos identificamos con ella, con su imagen, con su significado, con su historia, con los enigmas que todavía encierra…

La sentimos como algo cercano, como algo familiar y propio.

Sólo desde esa identificación se puede entender la presencia de la Dama en tantos rincones y en tantas manifestaciones de la vida social, cultural e incluso mercantil de la ciudad.

Sólo desde ese vínculo afectivo se puede entender el entusiasmo con el que fue recibida, aquí mismo, a las puertas del Palacio, por centenares de personas, el día memorable de su retorno, como si de una Reina se tratase, entre vítores, lagrimas y aplausos.

Sólo desde esa identificación entre los ilicitanos y nuestra Dama, se puede entender que en los 79 días que ha transcurrido desde su regreso, de las más de 153.000 visitas recibidas, más de 100.000 correspondan a visitantes ilicitanos.

Sólo desde íntimo vínculo de cada ilicitano e ilicitana con su Dama, cobran sentido las constantes manifestaciones del cariño de un pueblo, por una piedra caliza, de una cantera de la partida ilicitana de Ferriol, de autoría desconocida, pero que ha devenido en pieza única e irrepetible, clave para entender el mundo y la cultura ibérica.

Amigos y amigas

Finalmente, quisiera hacerles participes, con brevedad, de una última reflexión.

Considero que la presencia de la Dama, va a convertir 2006 en un año histórico para Elche.

Los días transcurridos desde su retorno y los venideros, han sido y van a ser inolvidables.

Serán días de satisfacción colectiva.

Pero más allá de las emociones, este periodo se ha convertido en una valiosa oportunidad para la ciudad, que está siendo sabiamente administrada.

Pues, casi sin que nos demos cuenta, la estancia de la Dama se ha convertido en un magnifico pretexto no sólo para potenciar la imagen de la ciudad en España y en el resto de Europa, sino también en una magnifica excusa para dar un fuerte impulso turístico y cultural a la ciudad.

Con lo que, el retorno de la Dama, estoy seguro, dejará una profunda huella, no sólo sentimental en la ciudad.

Acabo ya. Y lo hago

Reafirmando el carácter el carácter histórico de este 4 agosto.

Reafirmando la importancia que este 2006, el año de la Dama, está teniendo para nuestra ciudad.

Felicitando a los familiares de Manuel Campello, por la distinción recibida, muy particularmente y muy afectuosamente a Margarita Campello, su hija

Y expresando también mi enhorabuena, a las 9 ilicitanas que han tenido el honor de ser Damas vivientes y que hoy ingresan en la Real Orden.

Por último, mi más sincera felicitación a la Real Orden de la Dama, por la organización de esta ya emotiva celebración; y por su valiosa contribución a la conservación de nuestra memoria colectiva y de nuestras tradiciones.

Y, amigos y amigas

En la antesala de nuestras fiestas patronales, que son días felices para la ciudad, concédanme un último instante para recordar que éstos van a ser días de desasosiego en demasiados lugares del mundo y por ello quisiera acabar expresando, en nombre de todos, un deseo: paz; paz para todos y todas, en todos los rincones de la tierra.

Les agradezco su amable atención

Buenas noches.